La infraestructura de senderos en Chile tiene un origen principalmente funcional: caminos asociados a la extracción forestal, la trashumancia y el intercambio comercial.
Este origen ha definido gran parte de la red existente, que en muchos casos no fue concebida desde una mirada de acceso público, experiencia del paisaje o conservación.
A diferencia de contextos como Europa o Estados Unidos —donde los senderos de gran recorrido y los sistemas de parques han sido planificados como infraestructura recreativa y ambiental—, en Chile gran parte de los recorridos actuales responden a trazas históricas de uso productivo del territorio.

Esto abre una oportunidad relevante: transformar una red heredada en una infraestructura orientada al bienestar humano, la contemplación, la educación ambiental y la interpretación del paisaje.

El desafío no es solo habilitar recorridos, sino evolucionar hacia sistemas de senderos diseñados con criterios de seguridad, sostenibilidad ecológica y experiencia del usuario.